lunes, 30 de mayo de 2011

Articulo: El rey del timbal vive


A Tito Puente nunca le gustó el uso de la palabra “salsa” para referirse a su música.

“Salsa es la salsa de tomate, la que se le echa a los espaguetis”, dijo en más de una entrevista.
Aunque a algunos les caía mal ese rechazo al nombre que llegó a identificar todo un fenómeno cultural -y que fue acuñado, a principios de los 70, en parte como  herramienta de mercadeo internacional- Puente, en cierto sentido, tenía razón.
Su música -a lo largo de una carrera que se extendió durante  seis décadas y lo hizo famoso en todo el mundo-  rebasaba el concepto estrictamente salsero, para abarcar   estilos como el mambo, el cha-cha-cha  o la pachanga, interpretados con pureza rítmica, pero con arreglos que revelaban su inconfundible sello personal.
Ernest Anthony Puente Jr. nunca se rigió por  etiquetas ni por términos que redujeran su música a algo fácilmente clasificable.
Elevó el solo de timbal a la categoría de arte; grabó más de cien álbumes junto a algunos de los mejores músicos y cantantes de su tiempo; actualizó su música en repetidas ocasiones, para sintonizar con el favor del público; popularizó  los ritmos latinos en el mundo entero; “descubrió” a talentos como La Lupe; ganó cinco premios Grammy. Al final de sus días, se le conocía como “el Rey de la música latina”.
O, simplemente, como “el Rey”.
“En el escenario mundial, otras figuras grandes son asociadas con modalidades latinas específicas: Gardel y el tango, Los Panchos y el bolero, Tom Jobim y Gal Costa con la música brasileña”, dice el profesor Elmer González, productor de los programas “Son del Caribe” y “Son de Cuba”, que transmite Radio Universidad de Puerto Rico (WRTU-FM). “Puente logró que su figura se convirtiera en un símbolo de la ebullición y actividad musical del ‘Latin New York’”.
Los padres de  Puente habían emigrado de Puerto Rico a El Barrio, en el Harlem hispano, poco antes de su nacimiento el 20 de febrero de 1923. “En sus múltiples entrevistas en los medios, siempre dijo que era ‘de New York’”, recuerda Elmer González. “Nadie lo escuchó decir públicamente ‘Soy puertorriqueño’ aunque siempre dijo que sus padres nacieron en Puerto Rico. De ese modo, evitaba cualquier tipo de prejuicio contra una comunidad que era víctima de marginación social por parte de ciertos sectores sociales”. 
Curiosamente, ninguno de sus progenitores era músico. Sin embargo, su madre Ercilia, advirtiendo tempranamente su talento musical, lo puso a tomar clases de piano a los siete años. Otro evento fortuito contribuyó a moldear su futuro: el accidente en bicicleta que lesionó  su tobillo y frustró sus sueños de  llegar a ser un gran bailarín, para lo que evidenciaba una precoz aptitud.
Se diría, entonces, que ya que él no podía bailar como hubiese querido, decidió poner a bailar al resto del planeta.
“Su sentido del ritmo en la música popular siempre estuvo diseñado tomando en cuenta a los bailadores”, subraya González. “En especial sus tratamientos con la modalidad del mambo”. De acuerdo con el también columnista  de la revista Latin Beat, “los arreglos de los mambos de Puente son ideales para la creación de coreografías exuberantes”.
La destreza de Puente para la orquestación y para la creación de ese sonido tan suyo -uno escucha una de sus grabaciones y rápidamente piensa, “ah, ese es Tito Puente”- no sólo le venía de nacimiento.
Se educó en la prestigiosa escuela musical Juilliard de Nueva York. Y, tal vez, más importante aún, hizo su aprendizaje -como baterista- en las mejores orquestas de su época, las de Noro Morales, Pupi Campo, José Curbelo y Machito.
Pero su destino manifiesto era liderar sus propios grupos.
Tras regresar del ejército, formó su primera banda, los Picadilly Boys, que pronto sería rebautizada como Tito Puente y su orquesta.
Y ahí, podría decirse,  comenzó la leyenda, con sus presentaciones en el mítico salón de baile Palladium, en el que tocaban también las orquestas de Pérez Prado y Tito Rodríguez.
Los honores empezaron a sucederse con regularidad. En 1956 una encuesta lo declaró “rey de la música latina”. En 1958 su grabación “Dancemania” lo consagró como favorito de la crítica y el público (¿es “salsa” la música de “Dancemania”?). Su asociación con los sellos Tico y RCA, a lo largo de dos décadas,  produjo grabaciones que  son de consulta obligada para los amantes de la música latina, como “Cuban Carnival”, “El Rey Bravo” (que contiene su inmortal tema “Oye como va”, popularizado  por Santana en 1970), “Puente in Percussion” y 'Top Percussion” (dos festines de percusión de primer orden) y composiciones inolvidables como “Para los rumberos”, “El rey del timbal”, “Picadillo”, “Ran Kan Kan”, “Babarabatiri” y muchos otros.
“Siempre estuvo identificado con diferentes ritmos y modas musicales según éstas surgían en el tiempo”, comenta González, “lo que le permitió proyectar una imagen de actualidad”.
“Y siguió trabajando con éxito cuando ya otros grandes músicos (Machito, Cugat, Tito Rodríguez) habían desaparecido”.
Fue en  los años 1980, cuando Tico fue absorbido por el imperio Fania, que Puente acercó más su sonido al de la salsa como tal, reconfigurando su big band al tamaño de una orquesta. No faltaron las grabaciones memorables en este periodo, como “La leyenda” (con Santos Colón), “La pareja” (junto a La Lupe), “Dancemania 80’s” y la memorable trilogía de álbumes en homenaje a Benny Moré, en los que su orquesta acompañó a un desfile de cantantes tipo Estrellas de Fania, incluyendo a Héctor Lavoe, Cheo Feliciano, Celia Cruz, Adalberto Santiago, Néstor Sánchez, Pete “El Conde” Rodríguez y otros).
Con el bajón de popularidad de la salsa hacia fines de los años 1980, Puente se entregó de lleno a otra de sus pasiones musicales, el jazz latino. Y una vez más, produjo álbumes para la historia, como “El Rey”, para Concord, o “Mambo Birdland”, para el sello RMM, que lo hizo acreedor de su quinto y último Grammy.
A once años de su muerte a causa de una deficiencia cardiaca -que se cumplen el  martes 31 de mayo- Tito Puente,  el icono, parece seguir tan vigente como siempre. Dos recopilaciones de sus éxitos estrenadas en los últimos meses, un baile-homenaje en su memoria celebrado el pasado viernes en San Juan con la participación de su hijo Tito Jr. y la declaración, por parte del New York Times, de “Dancemania” como uno de los álbumes más influyentes del siglo XX, así lo atestiguan. Y gracias a múltiples videos, permanecen vivas las imágenes de sus solos de timbal, realmente  deslumbrantes cuando aún se hallaba en  sus mejores tiempos.
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“Mi papá era un cómico en la casa. Estaba contento siempre. Tenía buen corazón y le gustaba la intimidad de la casa”, recuerda su hijo Tito Puente Jr. en una entrevista telefónica.
“Como viajaba tanto, disfrutaba los momentos de tranquilidad en la casa, estar con la familia y los amigos. Y también le gustaba cocinar un poquito”.
“En Navidad, en Thanksgiving, en los cumpleaños, le gustaba invitar a toda la familia a restaurantes”.
“Recuerdo su sonrisa siempre. Era la sonrisa de una persona muy feliz”.


El Nuevo Dia.com

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